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Tiempo de lectura: 4 min | ene 2026

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Trends | Product Design | AI

Estos cuatro productos demuestran la influencia positiva que un buen diseño puede tener en nuestro bienestar

Todos los días interactuamos con docenas de productos, a menudo de forma casual, rara vez conscientemente. En estos encuentros cotidianos, el diseño influye imperceptiblemente en nuestro estado emocional y nuestro comportamiento.

Las investigaciones realizadas por la Escuela de Salud Pública T.H. Chan de Harvard demuestran que la calidad ambiental -y, por tanto, la de los productos diseñados- influye directamente en los niveles de estrés, bienestar y rendimiento cognitivo. Los productos crean microentornos diseñados a través de factores como el peso, la acústica, las señales visuales y los ritmos de movimiento, todos los cuales tienen efectos mensurables en la experiencia emocional.

En este caso, el factor decisivo no es tanto el rendimiento técnico como la calidad de la interacción. Las geometrías reducidas, los materiales blandos y los movimientos suaves eliminan cualquier sensación de amenaza por parte de la tecnología.

Tres productos galardonados con el iF DESIGN AWARD demuestran cómo se consigue.

Redefinir la rutina:

Casi ningún otro producto es tan sinónimo de repetición como la aspiradora. Por eso es aún más notable que la serie de aspiradoras Guard de Miele, ganadora de varios iF DESIGN AWARDS 2025, ofrezca una nueva visión de esta experiencia. Sus motores silenciosos, su peso equilibrado y su diseño visual tranquilizador reducen el estrés físico y cognitivo.

Un estudio de Desmet y Fokkinga (2020) sobre la experiencia del producto demuestra que las interacciones predecibles y fácilmente controlables pueden reducir la frustración y reforzar los sentimientos de autoeficacia.¹ Así, el aspirador pasa de ser una mera herramienta a un regulador cotidiano que reduce la resistencia sin prometer alegría.

Control mediante reducción

El iCandy Pip Compact Fold Stroller es un cochecito compacto diseñado para la vida urbana cotidiana. El ganador del iF DESIGN AWARD Gold 2025 transforma situaciones potencialmente estresantes en experiencias controladas, casi casuales. Su mecanismo de plegado con una sola mano y su diseño claro y minimalista fomentan la seguridad y la confianza, efectos creados no por la tecnología adicional, sino por la claridad y el control que transmite el diseño. Un estudio de Nagamachi y Lokman (2020) sobre la innovación en la ingeniería kansei muestra que la simplificación selectiva, la mecánica intuitiva y la complejidad visual reducida pueden fomentar efectos positivos como la facilidad y la confianza. En este caso, la alegría no surge de la innovación, sino de la coherencia

Interacción emocional en la vida cotidiana

El robot de compañía con inteligencia artificial de Samsung, Ballie, que ganó el premio iF Gold Award 2025, es un buen ejemplo de ello. Ballie puede responder a conversaciones, adaptarse a su entorno y proyectar contenidos directamente sobre superficies cercanas.

Los estudios sobre la interacción entre humanos y productos demuestran que los objetos con características sociales fomentan la simpatía, la confianza y la curiosidad, efectos que se consideran fundamentales para la aceptación y el uso a largo plazo. A través de su mirada, sus patrones de movimiento y su diálogo, Ballie no da la impresión de ser un dispositivo, sino un homólogo. De este modo, la inteligencia artificial deja de ser un sistema abstracto para convertirse en un compañero emocionalmente accesible.

El potencial de un diseño emocionalmente eficaz queda demostrado por el Galaxy Ring de Samsung, que también ganó el iF DESIGN AWARD 2025. Este anillo inteligente acompaña discretamente a su portador en la vida cotidiana, permitiendo un seguimiento continuo de la salud de factores como el sueño, la frecuencia cardíaca y los niveles de estrés. El tipo de interacción es más importante que las prestaciones tecnológicas: fabricado en titanio y diseñado con una forma cóncava, el anillo se integra de forma natural en las rutinas existentes. En lugar de exigir atención, su diseño se centra en la sujeción, la háptica y la estrecha integración con el cuerpo. Esto crea una sensación de apoyo y control más que de vigilancia

El buen diseño no sólo cambia los productos, sino también las experiencias. No genera emociones espectaculares. En cambio, reduce la fricción, genera confianza y facilita la vida cotidiana en los ámbitos en que más lo necesitamos. Ahí reside precisamente su efecto silencioso y a menudo subestimado.